«ARÁNTZAZU. El concurso. El proyecto», Francisco Javier Sáenz de Oíza / Luís Laorga
«La relación con el lugar […] suponía asumir el reto de integrarse o imponerse a un paisaje de gran fuerza cargado de memoria. Los arquitectos optaron por una solución volumétricamente impositiva que, sin embargo, adoptó el paisaje a cierto nivel de asimetría y procuró, al tiempo, la integración a través de la piedra y de la solidez. […]
La nueva basílica revestirá los caracteres de robustez y sencillez del pueblo vasco. Nada de líneas femeninas y académicas, que respiran a salón romántico. Será robusta, francamente agreste; la torre del campanil irá tachonada de piedras en punta, símbolo del espino. Ha de ser actual, tan actual como eran aquellas (románicas, góticas o renacentistas) cuando se erigieron. […] El estilo no debe buscarse en un catálogo, en una revista o una Historia del Arte; debe surgir de la adaptación de formas lógicas, resueltas y tratadas con claridad y nobleza, dentro de los medios de que se dispone y de las circunstancias del momento. […]
Nos hemos propuesto restablecer la dignidad plástica del Templo Cristiano. Queremos conjugar estrechamente los elementos que conforman el espacio religioso. Arquitectura, escultura y pintura. El divorcio de dichos componentes ha sido la principal causa de la decadencia de la arquitectura religiosa de estos dos últimos siglos […] Queremos que cada fragmento sea una predicación plástica de nuestra Fe y que el conjunto sea un poema de la Teología Católica y Mariana. […]
Esta Pontificia Comisión que cuida del decoro del Arte Sagrado según las directrices de la Santa Sede, tiene el dolor de no poder aprobar los proyectos presentados. […] No se discute las buenas intenciones de los proyectistas, pero se concluye que han sufrido extravío por la corriente modernista, que no tiene en cuenta alguna de los preceptos de la Santa Iglesia en materia de Arte Sagrado.»
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